El fuego se propaga con rapidez entre la basura y genera un humo denso y oloroso que, de acuerdo a las condiciones meteorológicas, se expande hacia el resto de la ciudad. Está el proyecto de trasladar el basural pero todavía no hay financiamiento.
El humo blanco espeso, el penetrante olor que llega hasta el interior de las casas, la molestia en los ojos y problemas respiratorios.
Hay noches, como la del sábado, en que gran parte de la ciudad queda sumergida en un vaho maloliente y el aire se vuelve irrespirable. Es como una niebla densa y hedionda, pesada, que avanza sin detenerse desde la zona oeste hacia el centro y el resto de la ciudad y que, de acuerdo a las condiciones meteorológicas o según la dirección del viento, puede llegar hasta más allá de calle Ramírez.
ACCIONES. Se genera en el Volcadero municipal, donde van a parar las 250 toneladas de basura que la ciudad produce a diario. Allí, quienes viven en la zona y literalmente viven de lo que pueden recuperar de entre los residuos, prenden fuego en los desechos para que sea más fácil detectar los metales, que luego venderán por algunas monedas.
Debido a la proliferación de gases que producen los materiales en descomposición la combustión provoca que las llamas se expandan con facilidad y que los focos ígneos se multipliquen en todo el área.
Ayer, a las 7, la Municipalidad debió descargar alrededor de 200 camionadas de tierra en el basural, que fueron esparcidas por una topadora, para extinguir los focos de incendio.
“Aquí hay un 20 % de autocombustión y el resto es producto del quemado de la basura”, expresó el secretario de Servicios, Planificación y Gestión de Desarrollo, Luís Zatti, quien supervisó los trabajos acompañado por el director de Limpieza, Mario Martínez.
El funcionario manifestó que “en el afán de obtener determinados materiales —especialmente metales— algunos proceden a prender fuego a los papeles motivando que el fuego se propague y que a partir de entonces surjan las columnas de humo que causan las consiguientes molestias a los vecinos”.
Remarcó que “el Intendente dispuso que las tareas se lleven a cabo hasta que no quede ninguna columna de humo”.
A su vez, Martinez expresó: “Estamos trabajando todos los días, durante la mañana, la tarde y a veces la noche, pero resulta vital contar con la colaboración de quienes revisan la basura para que no causen incendios”.
Por otra parte, resaltó la voluntad que ponen los choferes de camiones que acudieron a trabajar un día franco y el apoyo brindado por varias reparticiones de la Comuna.
PROYECTO. El Volcadero, con sus ocho hectáreas de basura, no es sólo un problema ecológico sino también humano. Aproximadamente 300 familias viven alrededor de esa zona y subsisten apenas con lo que pueden reciclar para vender y, muchos de ellos, comen ahí mismo los residuos de alimentos que encuentran. Por ello, cualquier solución que se encuentre deberá contemplar la situación de esos paranaenses.
En cuanto a las posibles soluciones, la actual gestión llegó al Palacio Municipal con el diagnóstico de que el Volcadero estaba colapsado y proponía un ambicioso proyecto de saneamiento integral que comprendía la extracción de los líquidos lixiviados (producidos por los desechos orgánicos), colocación de caños de venteos, clasificación domiciliaria de los desechos y, principalmente, traslado del vertedero de basura.
Pero, hasta ahora, se está esperando el financiamiento nacional para concretarlo y todavía falta que los vecinos se habitúen a colocar los residuos orgánicos en una bolsa y los inorgánicos en otra.
El atardecer del viernes se tiño de un blanco y denso humo en la ciudad capital de la provincia de Entre Ríos. Según documentan material fotográfico que publicó un medio de Paraná, un amplio sector de la ciudad se vio cubierto con una capa que se elevaba desde el Volcadero municipal de Basura, donde nuevamente, se realizó una quema intencional; una situación que se repite sin solución.
Días atrás, el subsecretario de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Municipalidad de Paraná, Horacio Enriquez, explicó que “la solución es a mediano o largo plazo” y al respecto recordó que está en marcha un Plan de Gestión Integral de Residuos Urbanos y que Paraná firmó un convenio de financiamiento para un proyecto de prefactibilidad, previo a la construcción de “un relleno vertedero controlado”. De todos modos, indicó que los plazos para llevar adelante este plan los manejan Nación y Provincia, y reconoció que “por ahora toda la ciudad va a seguir sufriendo el humo”.
El funcionario municipal dijo que “es un problema altamente complejo que tiene la ciudad hace más de 80 años, que es el destino final del residuo, en un volcadero que es a cielo abierto, con un déficit en el manejo de la basura”.
En ese sentido, entendió que “se hace muy difícil controlar el humo” debido a la combustión espontánea de los gases que producen los residuos y también por la práctica de muchos cirujas, que provocan incendios como forma de recuperar algunos materiales, como el cobre.
La ley nacional de residuos, la 25916, que fue sancionada en agosto de 2004, obliga a todos los municipios del país a promover la valorización de los residuos domiciliarios, a través de un programa de gestión integral, y establece los presupuestos mínimos para proteger el ambiente y la calidad de vida.
Paraná produce unos 300 mil kilos de residuos domiciliarios por día que, por ahora, no tienen un tratamiento adecuado y son vertidos a cielo abierto en el Volcadero Municipal, lo que provoca contaminación del aire, el agua y la tierra.
Por fenómenos climáticos o atmosféricos a veces se presentan con mayor intensidad que proviene del Volcadero y es el resultado de la acumulación de basura de todo tipo, que va generando gases como el metano.
La costumbre de quienes trabajan sobre la basura y luego de hacer sus tareas de recolección prenden fuego, provoca que se despida un humo que, entre otros componentes, tiene dioxinas y furanos. Esas sustancias “son altamente tóxicas para la salud humana” y provienen de la quema de productos derivados del petróleo, como es el plástico.
Enriquez reconoció que “la Dirección de Limpieza en forma continua está tapando la basura con tierra y broza”. Se trata de una “tarea paliativa” hasta tanto lograr el objetivo definitivo: crear un nuevo Volcadero, afuera de los límites del ejido urbano, que esté preparado para el manejo de los lixiviados (el jugo generado por la mezcla de residuos) y que cuente con un sistema de chimenea para el venteo de los gases”.
Mientras se está poniendo en marcha el Plan de Gestión Integral de Residuos Urbanos, que pretende disminuir la cantidad de basura domiciliaria, utilizar productivamente lo que sirve de ella, mejorar la calidad de vida de quienes trabajan como cirujas, sanear los cursos de agua que atraviesan la ciudad, erradicar los mini-basurales y, en un futuro, tratar los residuos patológicos y mudar el Volcadero, en las últimas noches se ha notado, en algunas zonas de Paraná, la presencia de humo proveniente del basurero municipal, ubicado en el barrio San Martín de esta capital.

